Las reglas de Lucía
Diez años son suficientes para aprender los silencios de alguien. Lucía sabía cuándo Abelardo mentía antes de que terminara la frase, sabía cuándo sus palabras eran verdad a medias, y sabía, desde hacía meses, que había otra mujer. Lo que no esperaba era que él se lo dijera mirándola a los ojos y llamara a eso honestidad. —Siento que la única manera de que esto funcione es abriendo la relación. Lucía no respondió de inmediato. Respiró. Procesó. Y luego dijo lo que siempre hacía cuando algo la superaba: que necesitaba tiempo para pensar. Él lo interpretó como una señal de rendición. —En realidad no sería abierta para que entre y salga un solo hombre y una sola mujer —añadió Abelardo, antes de que ella pudiera siquiera levantarse de la silla. —Entiendo. Las reglas son a tu antojo. Y claro, ya la habías abierto de tu lado, solo que con una cortina delante. —Hizo una pausa breve, casi quirúrgica.— Pero creo que el objetivo aquí no es discutir. No me respondas. Cuando tenga una respue...